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¡La fruta no
es un alimento!
MARKETING
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| No
se trata de una nueva afirmación científica,
si no apenas de una comprobación empírica.
En el SIAL Mercosur, Salón Internacional de Alimentos
y Bebidas realizado en Río de Janeiro dos semanas
atrás, el gran ausente fue el sector de las frutas
y hortalizas (F&H) en fresco. Si bien es cierto
que hubo excepciones -casi todas de empresas argentinas-,
lamentablemente ninguna de ellas contaba con muestras
de producto.
Esta reflexión no pretende subestimar el valor
y el esfuerzo de las “presencias” argentinas
en el SIAL. Es justamente la
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cantidad y tipo de empresas
que llegaron hasta allí lo que establece el contraste.
De 250 expositores de 25 países –sin contar
a los brasileros que estaban en otro pabellón–,
100 de ellos eran argentinos. Un esfuerzo meritorio,
fundamentalmente si consideramos que Chile llevó
tan sólo tres representantes. No obstante, las
únicas frutas frescas para degustar entre la
incansable oferta de quesos, dulces, vinos, aceitunas,
frutas secas, postres, galletitas, chocolates y tantos
otros productos, eran dos peras –seguramente no
siempre las mismas-, dosificadas en ocho prolijos gajos.
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Esto plantea algunas paradojas:
- Argentina es líder mundial en la producción
de peras, sin embargo estas no estuvieron presentes
en la feria de Río. Las que pudieron verse
y probarse provenían de los Estados Unidos.
- Chile es nuestro principal competidor regional en
la exportación de frutas hacia Estados Unidos
y Europa, y tal vez este liderazgo les haga minimizar
la importancia de participar en encuentros de este
tipo. En el caso de Argentina no quedan tan claros
los motivos de esta autoexclusión.
- Brasil es uno de los principales destinos de las
frutas del valle, y básicamente un reaseguro
regional ante las fluctuaciones de otros mercados.
La baja de la penetración de nuestros productos
debido a cuestiones de competitividad, cambiarias
y sanitarias, fuerza aún mas la necesidad de
generar acciones que recuperen la confianza perdida.
Estos eventos son una oportunidad para impactar positivamente
sobre potenciales clientes, a través de la
presentación de productos de calidad sostenible.
- Los supermercados son por excelencia el canal de
llegada al consumidor, y al menos un 20% de su superficie
está dedicada a F&H en fresco. Es un claro
acierto propiciar un evento que reúna a los
proveedores de alimentos y bebidas –SIAL- y
los actores del supermercadismo
–Abras-. Según esta misma lógica,
hubiera sido razonable que existiera una proporción
equivalente entre el tipo de productos disponibles
en cualquier góndola y los que se encontraban
en la feria, pero esto no fue así.
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- Las F&H en fresco, a diferencia de la gran mayoría
de los productos que consume el hombre -lácteos,
carnes, harinas, azúcares, grasas, etc., todos
presentes en la feria-, son un alimento cuyas propiedades
y beneficios para la salud no son cuestionados por
ningún sector o práctica alimentaria.
Desde espacios ajenos a la producción y a la
comercialización cada vez se impulsa con mayor
énfasis su inclusión predominante en
la dieta de las personas como una manera de prevenir
enfermedades. Sin embargo este valor no es aprovechado
por el sector para mejorar las oportunidades de negocio,
cosa que sí hacen los productores de lácteos,
cereales o incluso los envasadores de agua, avanzando
sobre un segmento del mercado que naturalmente deberían
liderar las F&H.
- En el SIAL todo era toque, pruebe y lleve, en la
obvia convicción de que nadie puede reemplazar
la experiencia de los sentidos por un texto descriptivo
dentro de un muy bien diseñado folleto. La
comunicación tiene sus límites, y ni
que decir cuando cargamos con la cruz de la falta
de credibilidad en la calidad, tal es el caso de la
fruta del valle.
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| Seguramente hay más
de un motivo para que las cosas se dieran de esta manera.
Dificultades estructurales tales como la ausencia de
una estrategia país en la comunicación
de producto, dificultades operativas propias de cada
empresa para definir y gestionar el norte de su modelo
de negocio, aspectos de la modalidad de comercialización
y finalmente cuestiones inherentes al producto y al
manejo de marcas, que vale la pena profundizar:
- Las F&H se venden y se compran como un genérico.
La leche, por ejemplo, se manipula y acopia a granel
como a los cereales, pero cuando nos enfrentamos a
la góndola elegimos una marca por sobre otras.
La F&H no han incorporado todo el potencial del
manejo y diferenciación de la marca. Es posible
que esta falta de entidad e identidad de los productos
frutihortícolas haya propiciado su omisión
en el evento.
- La forma de comercialización de F&H en
Brasil se realiza a través de intermediarios
-y no en forma directa a supermercados como se estila
en buena parte de Europa y Estados Unidos-, perpetuando
así la licuación de las marcas entre
los productos. Por esta razón es perentorio
ocupar espacios de mayor exposición, para lograr
más presencia y control sobre las relaciones
comerciales.
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- Otro aspecto es el logístico. Resulta complicado
trasladar productos perecederos a una feria en la
que posiblemente no se cuente con la infraestructura
de conservación necesaria. Asumir este esfuerzo
depende de la relación costo beneficio. Para
Supermercados Coto esto no fue una limitante, pudo
invitar con un bife argentino a quien quisiera probarlo,
y el propio Alfredo Coto estaba como anfitrión
en el stand, liderando la estrategia de penetración
al mercado brasilero. Si bien ya exportan a Brasil,
aspiran a expandir su participación, y entendieron
que semejante objetivo justificaba una buena puesta
en escena.
- Seguramente los productores de peras de Oregon
y Washington no podrían costearse individualmente
la participación en el SIAL, pero por fortuna
–en realidad por capacidad asociativa-, ellos
cuentan con la The Pear Bureau Northwest, una organización
sin fines de lucro orientada a la promoción
y marketing de las peras en fresco, que los representó
en este encuentro. Ellos son los que mantuvieron los
ocho gajos en su stand.
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Conclusión
La ausencia de marcas es una oportunidad para construirlas
y para expandir un mercado prisionero de su mutismo.
La cuenta es fácil: si con escasa inversión
en promoción y construcción de marcas
de F&H se venden los volúmenes actuales –los
que fueran-, ¿cuánto más podrían
crecer estos con una comunicación acorde? Volviendo
al ejemplo de la leche, ¿qué duda cabe
que fueron las marcas las que empujaron el consumo a
niveles sensiblemente mayores a los de unos pocos años
atrás?
Todo producto exportable se asocia para bien o para
mal con la “marca país” al que pertenece.
Las marcas se construyen a partir de los atributos –tangibles
o intangible-, que identifican al producto que representan.
En este sentido, el problema de Argentina no es la falta
de atributos si no la alta incidencia de aspectos negativos
que estos connotan: incumplimientos, discontinuidad
de calidad, problemas sanitarios, etc.
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Por un lado queda recomponer
estas disfuncionalidades, pero a la vez debemos poner
en relieve aquello que vale la pena trasmitir. Un país
que exporta armas, no puede comunicar atributos positivos
sobre esa capacidad productiva. Un país que produce
frutas y hortalizas en fresco, exporta salud y eso es
inapelable.
Argentina es antes que nada un país agroexportador.
Reconocer nuestra naturaleza es un paso en la creación
de una marca país que nos represente y que podamos
sostener consistentemente.
Las frutas y hortalizas no son sólo un alimento,
son un bien insustituible que debe aumentar la percepción
de valor ante el consumidor. Esa es una tarea que le
compete a productores, comercializadores, exportadores,
comunicadores, junto a todo actor relacionado con el
sector sea privado o de gobierno, y que se ejerce tomando,
pero también creando, los espacios de exposición
y las acciones necesarias para llegar al mercado y lograr
diferenciarse.
Adriana Gamba
Directora de meta-i
Publicado en el Diario Rio Negro en octubre de 2003.
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