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Un as en la manga
MARKETING
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| Meses
atrás, el director de un diario me decía
que si no fuera por las sucesivas crisis de la Argentina,
su empresa estaría ante problemas más
serios aún que los que afrontaba en ese momento,
en tanto no habían logrado todavía reformular
el modelo de negocio que les garantizara una posición
competitiva a futuro en el mercado.
Si la crisis fuerza únicamente nuestros mecanismos
de supervivencia del día a día, anulando
la capacidad de crear estrategias a mediano y largo
plazo, entonces serán muy bajas las chances que
tengamos de salir fortalecidos del temporal.
Otro reflejo recurrente es el de enfrentar la crisis
en forma reactiva a partir de lo que ya no
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se tiene: dinero, por
ejemplo. De allí en adelante todas las medidas
giran en torno a reducir gastos. Esto no está
mal, sólo que es incompleto y encierra en sí
mismo el germen de un mal mayor: la pérdida de
capital.
Pasamos así a una simple pregunta: ¿qué
hay después de la crisis?
Estas, al igual que las grandes tormentas, dejan a
su paso destrucción y renovación. En mayor
o menor medida se modifican las relaciones causales
entre las cosas y cambian también los valores.
El “después” es fundamentalmente
un escenario diferente para el que debemos prepararnos.
Contamos con el capital para hacerlo y ese es nuestro
as en la manga: la marca.
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El capital más
preciado
La marca es la personalidad de una empresa, es su
conciencia. Una especie de ADN evolutivo que contiene
los principios éticos y valores que definen el
patrón de crecimiento de la empresa y la manera
en cómo ésta se relaciona con el entorno
social y económico al que pertenece.
Existe un contrato tácito con el
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público, rubricado
por la confianza desarrollada durante años, en
la que éste acepta, conoce y se reconoce en estos
valores, leyendo o anunciando cada día en nuestro
diario. Pero ¿cuán recíproca es
esta relación y si actuamos en consecuencia?
Así como la correcta gestión de la marca
es una oportunidad enorme para preservar y expandir
nuestro negocio, en el otro extremo, la pérdida
de este capital es tan imperdonable como irrecuperable.
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Construcción de
marca
El capital que los diarios tienen en recursos humanos,
lectores, anunciantes y producto, se construye lentamente
en el tiempo a partir de la visión comprometida
y el esfuerzo sostenido de la dirección de la
empresa. Todos estos aspectos en conjunto forman un
capital intangible de altísimo valor contenido
en la marca.
El proceso de construcción de una marca es
tan complejo como lento y se inicia por lo general con
el lanzamiento de un producto o servicio al mercado,
en respuesta a las necesidades explícitas o latentes
de un determinado grupo. Esta acción lleva consigo
una promesa concreta de satisfacción. Así
comienza un contrato, frágil en
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su inicio, entre la marca
que representa al producto y el público que lo
consume, que se consolidará y refrendará
una y otra vez.
Con el tiempo la marca se irá cargando de valores
distintivos, surgidos de la experiencia -positiva o
negativa- que las personas desarrollen sobre el producto,
hasta hacerse depositaria de los valores aspiracionales
de un sector más vasto de la sociedad. En este
punto el valor simbólico de la marca está
por encima del producto, gobernando los cambios de éste,
e incluso definiendo la creación otros nuevos.
Se inicia entonces un ciclo auspicioso y deseable en
el que la marca transfiere –dona- sus valores
a los nuevos productos que bajo ella se generan.
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Las marcas envejecen
Los diarios han influido positivamente en el desarrollo
de las sociedades que los vieron nacer, y no por casualidad,
sino porque la propia misión periodística
incluía este objetivo. Así ganaron en
arraigo, reconocimiento y credibilidad.
Sin embargo, las marcas tienden
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a envejecer junto a las
generaciones que le dieron sentido y sustento. Por eso
deben desarrollar estrategias de perpetuación,
donde el mayor desafío es renovarse, revisando
los términos del contrato y fundamentalmente
entendiendo los cambios en las necesidades y aspiraciones
del grupo receptor. En suma, integrar nuevos valores
que reflejen el cambio y evolución de la sociedad
en la que están insertas.
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Renovar sin traicionar
En no pocos casos el fracaso de las empresas se debe
a la dificultad para transitar positivamente un camino
de construcción de marca que les permita instalarse
de forma duradera en la mente del consumidor. La marca
es un hilo sutil y poderoso que une a la empresa con
cada individuo del público, creando un vínculo
único e irrepetible que debemos preservar.
Cuando un producto traiciona el “contrato de
marca” tal vez pueda conseguir un éxito
pasajero, pero irremediablemente será a
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expensas del debilitamiento
y vulneración del contenido y significado de
la marca.
Contrariamente, un producto alineado con los “valores
de marca” puede eventualmente fracasar por una
mala estrategia de marketing o de ventas, sin embargo,
el impacto negativo que ello pudiera tener sobre la
imagen de la empresa será más fácil
de asimilar y de restablecer.
Las marcas reclaman renovación, pero poseen
baja tolerancia a la traición. Al renovarse,
la marca es una fuente permanente de oportunidades para
la creación de nuevos productos que, a través
de los atributos positivos de aquella, encuentran un
puente directo hacia el público.
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Construir vínculos
Construir vínculos es más importante
que lograr fidelidad. La fidelización habla de
una relación en un solo sentido, en la que el
cliente responde en forma positiva y sostenida a la
propuesta o convocatoria de una marca.
Los vínculos se fundan en una
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relación más
comprometida y de doble vía, construida sobre
experiencias comunes que modifican a los actores en
ambas puntas. El lector se identifica con el servicio
o producto, a la vez que la empresa se modifica y reformula
a partir de las preferencias de sus clientes. Se trata
de que las empresas ejerzan en actos concretos aquello
que anuncian como promesa a sus clientes.
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Crecer alrededor de la
marca
En momentos de profunda crisis socioeconómica
que afecta especialmente al modelo de negocio editorial,
cuando se han agotado las fórmulas de éxito,
cuando se encuentra en serio riesgo la generación
de recursos de la empresa, en suma, cuando se cuestiona
la existencia y la fuente del capital, es cuando la
marca cobra su verdadera dimensión. Las empresas
deberían cuidar en forma continua la construcción
y crecimiento de la marca, preservándola de la
agresión de acciones comerciales disociadas del
espíritu de la empresa.
En el caso particular de los diarios, el ascendiente
que ejerce la marca sobre sus lectores reviste mayor
trascendencia, porque las personas han depositado en
ella
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la confianza para guiar
en el acceso, comprensión e interpretación
de la realidad.
Sin embrago, el deterioro moral de la Argentina ha
disparado una crisis de confianza, que afectó
también la credibilidad de los medios y en consecuencia
su relación con el público.
Por eso es importante conocer los motivos por los
cuales la gente deja de comprar el diario. La razón
más evidente es la económica, pero si
profundizamos, encontraremos disconformidad con el contenido,
enojo con el tratamiento de la información, sensación
de desamparo en momentos difíciles y tantas otras
apreciaciones que giran fundamentalmente alrededor del
vínculo emocional. Esto nos remite una vez más
a la necesidad de renovar el contrato con nuestro público,
recuperando el valor simbólico de la marca y
actuando en consecuencia.
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Estar alerta
Debemos estar alerta entonces para detectar las oportunidades
que un correcto manejo de marca aporta en la conservación
y preservación de nuestros lectores, anunciantes
y recursos humanos.
Preguntarnos si estamos haciendo lo suficiente para
ayudar y ayudarnos a transitar la crisis, revisar si
no hay áreas, temas o acciones que hemos abandonado
y si no hay nuevas maneras de responder a antiguos principios.
Fundamentalmente debemos estar alertas de no utilizar
la crisis como una protección, como una excusa
para no cambiar,
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perpetuando así
prácticas correctas pero ineficientes.
Debemos forzarnos en la visualización de escenarios
de futuro y darnos la oportunidad de innovar para salir
fortalecidos de la crisis, tanto por la renovación
del contrato con nuestro público como por la
reformulación del modelo de negocio editorial.
Los grandes cambios comienzan por pequeñas
acciones que no requieren tanta inversión en
recursos económicos como convicción en
el rumbo a seguir. Los valores de la marca y la fortaleza
del vínculo con el público son soporte
y brújula del derrotero de nuestra empresa editorial.
Adriana Gamba
Directora de meta-i
Publicado en la Revista de ADEPA.
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Los diarios han influido positiva-mente en el desarrollo de
sus comunida-des.
La marca es una fuente de oportuni-dades para la creación
de nuevos productos.
Es más importante vincular que fidelizar.
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