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Finlandia ha sabido capitalizar sus destrezas para reconvertirse
sobre la base de un nuevo paradigma: la sociedad del conocimiento.
Con este norte ha liderado la creación de un modelo
de país basado en el ahora reivindicado estado del
bienestar. Aquello que hace especial a Finlandia es la velocidad
y la determinación en tomar y adherir a este nuevo
paradigma.
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La decisión
Finlandia es un país de unos 5.500.000 de habitantes
que en el transcurso de la última década
se ha transformado en la economía más
competitiva del mundo. Hace sólo 30 años
era considerado un país subdesarrollado, y a
principio de los ’90, con la caída de la
Unión Soviética, soportó una crisis
terminal: 15% de caída en el producto bruto,
20% de desempleo, y Nokia, una empresa de electrónica
con aire japonés, casi quebrada.
En 1994 el gobierno finés toma una decisión
trascendental: ingresar y liderar la sociedad del conocimiento.
Para ello crean un plan estratégico cuyas principales
líneas de acción se sostienen en el Estado
del Bienestar como clave de un
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modelo abierto de generación
de conocimiento que impulse la innovación tecnológica
y el desarrollo. Esto significó fortalecer y
reformular el sistema educativo, estimular la I&D
(Investigación y Desarrollo) sobre la base de
alianzas sólidas entre universidad y empresas,
fomentar la inclusión del capital social, tanto
por la participación de todas las personas como
por la recuperación de las destrezas culturales.
Apenas unos años después, Finlandia
cuenta con desarrollos tecnológicos que desafían
y compiten con las organizaciones más fuertes
del mundo. Nokia, transformada ahora en empresa de telecomunicaciones,
lidera mundialmente el sector y Linux, un sistema operativo
de construcción colectiva y uso libre, le disputa
el mercado a Microsoft.
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De la sociedad industrial
a la sociedad del conocimiento
¿De qué se trata la “sociedad
del conocimiento”?
De manera desigual, a distintos tiempos y en algunos
casos sin haberla transitado siquiera, los países
han abandonando la ‘sociedad industrial’
para iniciar el camino de la ‘sociedad del conocimiento’.
La primera se caracteriza por un modelo de producción
basado en el control de la energía, el vapor
primero y la electricidad después; en la otra
la clave de la producción pasa por el manejo
de la información y la aplicación de conocimiento
a cada una de las actividades del hombre. Este modelo
se basa en el aprendizaje continuo y se estructura fundamentalmente
alrededor de las TIC (Tecnologías de la Información
y la
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Comunicación) y
en especial de la WWW (Word Wide Web).
Pese a los cambios radicales de paradigma, en cada
nuevo modelo, los logros del anterior son tomados como
un capital adquirido e indiscutido, sobre el que se
construyen nuevos valores y aspiraciones sociales. En
Finlandia, estos valores promueven el desarrollo sustentable,
la disminución de las diferencias sociales, la
igualdad real de oportunidades y el impulso de las capacidades
individuales y colectivas.
Entender los fenómenos y la evolución
del mundo bajo esta perspectiva, y tomando a Finlandia
como ejemplo de un país que supo tomar la oportunidad
de ingresar aceleradamente a la sociedad del conocimiento,
puede aportar una visión alternativa de la manera
de pensar y priorizar las políticas de estado
de países no centrales.
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Tocqueville y Castells,
dos profetas fuera de su tierra.
En 1831 el francés Alexis de Tocqueville viaja
por los EEUU para comparar, entender, describir y finalmente
escribir “La Democracia en América”.
El resultado fue más que un libro de viaje, se
transformó en una especie de biblia y reafirmación
del espíritu democrático, estableciéndose
como el referente de todos los tiempos, dentro y fuera
de EEUU.
En la última década, casi 200 años
después, el sociólogo catalán Manuel
Castells, se interesa en estudiar el fenómeno
finés, debido al aporte fundamental de este país
en la construcción de la sociedad del conocimiento.
Así como Tocqueville encontró en EEUU
una forma renovada y efectiva de construcción
democrática después de siglos de imperfecta
evolución en su propia cuna europea, de manera
similar, Castells encontró en Finlandia la vía
rápida para la demostración
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de un nuevo paradigma
de sociedad que él ya comenzara a anticipar,
describir y teorizar hace varios años: la sociedad
de la información o sociedad red.
Existe otra relación por oposición entre
ambos casos. La evolución de la democracia en
América se produjo bajo la influencia de la ética
protestante, pragmática y severa. Contrariamente,
una de las banderas del modelo finés es “la
ética hacker” o “la ética
en la creación de la información”,
que define y defiende al trabajo como un acto de placer,
creación y realización del ser humano
y no como la rutina y el deber más importante
del individuo, precisados en la teoría de la
ética protestante de Max Weber.
El interés de Castells por Finlandia es mutuo,
ya que los trabajos y planes estratégicos de
este país se inspiran y citan a Castells como
referente principal. Esta reciprocidad reafirma la dinámica
de la “sociedad del conocimiento”: la colaboración
desde distintos ámbitos para la construcción
de la teoría, práctica y prospectiva de
un nuevo modelo de sociedad.
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Un camino compartido
El caso de Finlandia no es un fenómeno aislado.
Desde principios de los ‘90 la Comunidad Europea
ha tomado como eje de sus políticas de desarrollo
la construcción de la sociedad del conocimiento.
En función de este objetivo crearon programas
tales como “e-Accesibilidad” y “el
diseño para todos”, tendientes a generar
las condiciones para que todas las personas, no importa
su edad, condición o limitación física,
puedan hacer uso de la
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tecnología y participar
activamente en la construcción de la sociedad
del conocimiento.
Como dice Manuel Castells, «la habilidad (o
la falta de habilidad) de las sociedades para controlar
la tecnología y en particular las tecnologías
que son estratégicamente decisivas en cada época
histórica tienen una gran influencia en su destino,
hasta el punto de que se podría decir que si
bien la tecnología per se no determina la evolución
histórica y los cambios sociales, sí determina
la capacidad de las sociedades para transformarse».
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El Modelo Finés.
¿Qué vio Castells en Finlandia? Una revolución
pacífica que recupera la dimensión humana en
la construcción de conocimiento como capital social.
Un país que ha sabido interpretar y actuar la clave
principal de la sociedad red: la colabora-ción.
Las que siguen son algunas de las características
que definen a este modelo.
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Estado del Bienestar
El Estado finés garantiza condiciones de entorno
para la creación y la producción, y salvaguarda
a las personas según su condición amplia
e inalienable de ciudadano y no por su posición
circunstancial de trabajador. No estimula la creación
de empleo como un objetivo en sí mismo, sino
que promueve la generación de riqueza tangible
e intangible, en clara oposición y diferencias
en los resultados, con los planes asistencialitas de
otros países. Así se ha logrado una mayor
flexibilidad y movilidad laboral, pero sin los costos
sociales que esto produciría en países
de capitalismo extremo.
Esta política es liderada hoy por su presidente,
la social demócrata Tarja Halonen, una abogada
laboralista con amplia trayectoria en la función
pública y representante de Finlandia ante
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la OIT (Organización
Internacional del Trabajo). Desde allí promueve
el libre acceso al trabajo digno, e impulsa la aplicación
de innovación tecnológica como condición
necesaria para lograrlo.
Estado y sociedad red en el más amplio de los
sentidos: como conexión y como contención
social. Esto marca una diferencia importante con otras
culturas. En el polo de innovación Silicon Valley
por ejemplo, se exalta a la actitud emprendedora, pero
así como no existe límite para la generación
de riqueza individual, tampoco existe protección
desde el estado ante la adversidad. Las caídas
son sin red y el costo de estos fracasos individuales
generan externalidades que se pagan colectivamente.
Esto es lo que sabiamente preserva el Estado del Bienestar.
Por eso Finlandia estimula y apoya nuevas ideas, incluso
aportando capital de riesgo.
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Las destrezas de la propia
cultura
Cada cultura desarrolla y perfecciona capacidades
que les son propias, pero dependiendo del contexto histórico,
estas tendrán mayor o menor valor de oportunidad.
Japón por ejemplo, tuvo su oportunidad luego
de la segunda guerra mundial cuando copió la
tecnología de occidente y la llevó a niveles
de excelencia al incorporarle su disciplina y rigor
productivo. Sin embargo, según
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Castells, los nipones llevan
10 años de estancamiento económico debido
a la imposibilidad de reconvertir su modelo de producción
“industrial tecnológico” hacia la
“sociedad del conocimiento”. Culturalmente
están preparados para aprobar exámenes
pero no para innovar.
Hay sociedades preparadas culturalmente para la guerra,
para la producción, para los servicios, y otras,
como en el caso de Finlandia para el conocimiento, ya
que ha sido siempre un pueblo con especial interés
por la lectura, el aprendizaje y la innovación.
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El conocimiento abierto
Finlandia es la cuna de Linux, el sistema operativo
gratuito con mayor difusión en el mundo que compite
de igual a igual con el multimillonario imperio de Microsoft.
Es el ejemplo más contundente de construcción
colectiva a través del modelo “abierto”
de conocimiento, en el que por definición se
desconoce la noción de propiedad intelectual.
En Linux todo es abierto y opinable, en Windows cerrado
y discrecional. Uno es gratuito y el otro no. Linux
es de todos, Windows es de Bill Gates.
El modelo "abierto" ha generado las innovaciones
más importantes de los últimos tiempos,
tales como la Word
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Wide Web y Linux. Estas
han permitido que mucha gente –millones y millones-
estén pensando y trabajando en lo mismo, en el
mismo momento y en cualquier lugar del mundo.
Incluso países como EEUU y Rusia, a través
del mutuo e incesante espionaje, han producido un trabajo
de colaboración involuntaria, pero colaboración
al fin, que imprimió más velocidad al
proceso de creación y desarrollo, que de haber
existido sistemas de seguridad 100% inexpugnables. La
carrera espacial y armamentista es un buen ejemplo de
esto.
En suma, los sistemas abiertos no luchan contra la
gravedad sino que se valen de ella.
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Educación, aprendiendo
a aprender
La sociedad red, posibilita e impone una nueva manera
de concebir el aprendizaje. El nuevo modelo educativo
se basa en “aprender a aprender”, y esa
es la llave para avanzar ágil y certeramente
hacia nuevos mundos. El alumno es parte activa del proceso,
se nutre en la interactividad, juega alternativamente
el rol de emisor y receptor, y desarrollando ante todo
la capacidad crítica y creadora, como una actitud
permanente en la vida.
El imperativo del aprendizaje continuo en los adultos
está muy arraigado en la cultura finesa y esto
forja en ellos una destreza particular para incorporar
la innovación tecnológica y también
para generarla. Han logrado un círculo virtuoso
que integra
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experiencia, conocimiento
e innovación.
El marco de esta nueva modalidad de aprendizaje está
dado por el enorme avance de las TIC, que permiten además
integrar y potenciar en forma completa los procesos
cognitivos del hombre. Finlandia tiene el 50% de sus
escuelas con acceso a banda ancha -el resto de Europa
no supera el 10%-, porque entiende que esta infraestructura
es imprescindible para compartir y crear conocimiento.
Adicionalmente, la educación universitaria
es gratuita, e incluso les pagan a los estudiantes para
estimular su dedicación al estudio. Se impulsan
las carreras ligadas a la tecnología y las ingenierías
y las universidades cuentan con importantes equipamientos
para la investigación en estos temas.
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Alianza universidad-empresa
para la I&D
Uno de los puntales principales de la economía
de Finlandia es la fuerte alianza que existe entre universidad
y empresa como modo de impulsar la I&D, a tal punto
que el aporte del capital empresario en estas asociaciones
alcanza el 70% de los recursos necesarios.
Entre1991 y 2001 el porcentaje de PBI dedicado a I&D
creció del 2% al 3.6% -es el mayor del mundo-,
en contraste con la mayoría de lo países
en los que esta inversión no presenta prácticamente
ningún aumento, lo revela la importancia que
se otorga a este sector en Finlandia.
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Las actividades productivas
más importantes de Finlandia, nuevas o tradicionales,
están basada en la aplicación de innovación
tecnológica y esto ha impactado en forma decisiva
en las exportaciones de la alta tecnología, que
se triplicaron en cinco años.
Las áreas con mayor inversión son la
electrónica, la metalmecánica, la química,
la biotecnología, la tecnología de información,
y próximamente la nanotecnología, que
en diez años más, permitirá lanzar
al mercado narices electrónicas, materiales inteligentes
que reaccionan a estímulos externos y diminutas
memorias exponencialmente más eficientes que
las actuales.
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¿Qué oportunidad
tiene la Argentina?
Como hemos visto, Finlandia ya contaba con rasgos
culturales que le permitieron tomar el camino de la
sociedad del conocimiento.
¿Pero cuán reproducible, escalable y
sustentable es ese modelo sin producir nuevas externalidades
y exclusiones?
¿Cuáles son los valores y las destrezas
de cada uno de nuestros países?
¿Cómo podemos utilizar las TIC para
capitalizar con velocidad nuestras capacidades?
Argentina cuenta con un enorme capital de conocimiento.
Las universidades argentinas han formado profesionales
de toda América Latina y hemos exportado gente
altamente capacitada al mundo entero, tenemos una cultura
agroproductiva histórica, desarrollamos investigación
en la Antártida, invertimos en investigación
en energía atómica y contamos con numerosos
centros de investigación científica. La
lista sigue y todo esto construye un capital invaluable
de conocimiento. Históricamente, la tecnología
producida en EEUU ha llegado primero a la Argentina
para luego irradiarse al resto de la región.
Pensemos en el crecimiento expansivo que tuvo aquí
la TV por Cable, el impulso que tomó la infraestructura
de telecomunicaciones con el advenimiento de Internet
y el auge de las empresas punto.com. Esto también
suma conocimiento.
En oposición al escenario anterior, en una visita
de empresarios fineses a la Argentina, estos criticaron
fuertemente el desmanejo de la actividad forestal en
la Patagonia, una zona a su vez de enorme potencial.
Según ellos tenemos un atraso de 15 años
en la generación de una base de conocimiento
de especies, que nos permita establecer una adecuada
estrategia de explotación comercial.
En esta línea de pensamiento, ¿cuánto
sabemos de nuestra
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producción de carnes,
granos, frutas, etc.?, y cuáles son las alianzas
entre empresa y universidad orientadas a la innovación
tecnológica en estas áreas?
Entonces, qué otras componentes conforman nuestra
cultura que no nos han permitido ser la promesa que
el mundo veía en nosotros?
¿Somos innovadores o solamente buenos reproductores
de tendencias?
¿Somos emprendedores o solamente oportunistas?
Sean cuales fueren las respuestas, lo cierto es que
el conocimiento que hemos generado es rígido,
corporativo, y no está integrado al circuito
de producción de riqueza y capital social. Tenemos
que incorporar la potencia que brinda el “aprender
a aprender”. Sólo así podremos reconvertir
y aplicar este conocimiento y generar otro nuevo.
Necesitamos una nueva cultura del trabajo y un estado
que acompañe y promueva la colaboración
y la integración de distintos actores y actividades.
Un estado confiable que estimule la asociación
de voluntades e iniciativas públicas y privadas,
y que garantice la igualdad de oportunidades. Finlandia
es una buena escuela para aprender, pero sin copiarse.
Este es el desafío.
Finalmente, aunque todavía para muchos países
la “sociedad del conocimiento” es apenas
un concepto abstracto y lejano, desde El Instituto de
Estudios del Futuro de Copenhagen ya se anticipa el
advenimiento en algunas décadas más de
la “sociedad de los sueños”, signada
ésta por la búsqueda de aventura, espiritualidad
y sensaciones. En esta sociedad se valorará la
capacidad insustituible del hombre –tal vez su
último bastión- de contar historias y
de crear emociones.
Ficción o realidad, en cualquier caso las sociedades
seguirán cambiando sus paradigmas, generando
así nuevas oportunidades para destrezas y capacidades
latentes en el seno de cada cultura.
Adriana Gamba
Directora de meta-i
Publicado en la Revista Ambiente.
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